
Abandonada a su suerte en 1976, cuando los últimos soldados españoles salían corriendo y la ocupación marroquí seguía adelante desde noviembre de 1975, la gente del Sahara tuvo que huir, morir, luchar, quedarse resistiendo, o ser detenida y desaparecida. El Sahara tiene una de las tasas más altas de desaparecidos en las guerras y dictaduras, respecto al conjunto de su población. Después de haber sido ocupada por el ejército español en el reparto de África desde 1884, la tierra del Sahara no era tierra de nadie, tenía dueño que era parte de su ser, como son dueños los pueblos que las habitan desde sus muchos ancestros.
Estos días las noticias hablan de que EEUU quería quitarle una letra al nombre de la Misión de Naciones Unidas para la Realización del Referéndum del Sáhara Occidental. Como el reino de Marruecos se ha opuesto a cumplir el acuerdo que dio lugar a esa misión y al alto el fuego desde 1991, ahora el rey del mundo quiere imponer un nuevo abecedario que consolide la rapiña, y no haya que consultar a nadie. En este viejo mundo tecnofeudal, tendremos que buscar en el diccionario nuevas palabras para la desfachatez del poder. Se dice que el veto cruzado entre EEUU y Rusia, ha paralizado su confirmación y tendrá finalmente que desmantelarse. Una forma banal de decirlo, porque hay un veto que se opuso a la renovación a base de retorcer el brazo a Naciones Unidas y otro quiso que se mantuviera un año más así.
Hace 13 años encontramos dos fosas comunes con ocho desaparecidos saharauis asesinados, dos de ellos niños, en un campo de minas que tiene 2700 kilómetros de largo y cinco de ancho, en un lugar que se llama Fadret Leguiaa, en Meheris. Los hechos fueron el 12 de febrero de 1976, antes de que España saliera del Sahara. Dos víctimas tenían en sus atuendos dos carnés de identidad como los que teníamos entonces todos en la España franquista. Cuando publicamos la investigación, Marruecos que ahora proclama su propuesta de que les dará autonomía, había mentido sobre los ocho desaparecidos. Según un listado oficial publicado en 2010 en la página del Consejo Consultivo de DDHH de Marruecos, algunos estaban vivos, otros habían muerto en combate, otros habían sido secuestrados y murieron lejos de ahí, de otros no se sabía ni que existían. Después del hallazgo, ni un leve movimiento de rictus. Las mentiras se sumaron de nuevo a las anteriores, fueron parte de la respuesta al Grupo de Trabajo de Desaparición Forzada de Naciones Unidas. Así es la impunidad a la que los poderosos quieren condenarnos. Los familiares, con los que me reúno hoy, siguen esperando.
Estos días los medios hablan de un veto cruzado entre EEUU y Rusia, que deja sin efecto la renovación del mandato de la Minurso. Los tentáculos sobre el territorio vuelven a invisibilizar a la gente. Como en los tiempos del reparto a tiralíneas de África, este se hace en un despacho o en el lobby de un hotel, donde se hacen los negocios. La gente, que esta noche escucha música en este domingo y ve algunos testimonios de la represión en la zona ocupada por Marruecos, en esta pantalla bajo las estrellas de estos campamentos de refugiados, sencillamente no cuenta. Las versiones intencionadamente mal informadas ponen el énfasis en la pelea entre Marruecos y Argelia. Nada de la complicidad europea en contra de las resoluciones de Naciones Unidas o de la Corte Internacional de Justicia en 1975. Otra manera de evitar hablar de la gente. En 2024, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) emitió varias sentencias que anulan de manera definitiva los acuerdos de agricultura y pesca entre la Unión Europea y Marruecos en lo que respecta al Sáhara Occidental, porque no se ha consultado a su pueblo.
Cuando se trata de otros, la democracia es un obstáculo. Han convertido el Sahara en un ejemplo de la infamia. Para no llamar a las cosas por su nombre se han inventado muchos eufemismos, en vez de decir que la realidad la impone el que manda. El que manda es quien tiene el poder. Las armas. La línea que trazan esas manos, prescribe el sufrimiento. En 2017, en el Sáhara no me dejaron entrar a presentar la investigación de las fosas a sus propios familiares porque, como dijeron los agentes de inteligencia que me obligaron a volver a la escalerilla del avión, “su presencia es un problema de seguridad del Estado”. La verdad es peligrosa en un territorio ocupado. Solo ese ejemplo, entre los golpes y marginación de los saharauis en su tierra, entre el miedo de la gente y las expulsiones de otros muchos, debería bastar para ver que la imposición no puede ser ninguna base de diálogo.
Ninguna salida política va a poder darse sin contar con su pueblo y con el respeto a los derechos humanos. En 1987, un pequeño grupo de saharauis, varias mujeres, se prepararon para una visita de NN.UU. a El Aaiún cuando estaba preparándose la llegada de lo que luego sería la Minurso. Se empapelaron el cuerpo bajo la ropa con octavillas para pedir respeto. Antes de salir a la calle, fueron detenidas. Amitenou Haidar y Elgjalia Djimi estuvieron desaparecidas 3 años y 7 meses en un centro clandestino del PCCMI a unos cientos de metros de sus familias, con Brahim en cuya casa tomaba testimonios que cobijaba el respeto y defendía del miedo. Mi traductor Abdalahi, estuvo 10 años en tres centros clandestinos de detención también desaparecido. Él estuvo a punto de morir de marasmo en Agdz, ese tipo de desnutrición aguda que hemos conocido en los niños muertos de hambre, piel y huesos que estudiábamos en la Facultad de Medicina. En el informe de una comisión de la verdad marroquí llamada Instance d’Équité et Réconciliation en 2008, el Sáhara no se nombra, en el informe son “las provincias del Sur”. El nombre te quita la identidad, antes de robártelo todo.
Mientras los políticos expanden sus argumentos de autoritarismo, la gente aguanta y resiste. La paciencia estratégica de los saharauis se ha roto hace un par de años, ya hay muertos y heridos a unos pocos cientos de kilómetros de estos campamentos. Si nadie ayuda a restituir su horizonte, la gente va a pagar los platos rotos ante nuestras miradas pasivas y la complicidad de quienes han seguido votando para que no se escuche el silencio. El único referéndum que se ha hecho en el Sahara fue un simulacro que prepararon los entonces desaparecidos en el centro clandestino de Kalaat Magouna, cuando les dijeron que iban a liberarlos. Si además del único es el último, depende de lo que hagamos.
Carlos
Rabuni, 2 de noviembre de 2026.



