
LA QUINTA COLUMNA
La expresión proviene de la Guerra Civil Española (1936-1939). Se atribuye al general franquista Emilio Mola, quien supuestamente dijo que mientras cuatro columnas de su ejército avanzaban hacia Madrid, una “quinta columna” operaba desde dentro de la ciudad para facilitar su caída. Aunque no está del todo comprobado que él usara exactamente esa frase, el término se popularizó desde entonces.
No todos los traidores llevan uniforme. Algunos se sientan en escaños, presiden partidos o se disfrazan de estadistas. No todos los enemigos vienen de fuera. Algunos se hacen llamar “progresistas”, mientras sirven con devoción al sátrapa de Rabat. Esa es la verdadera quinta columna: los que, desde dentro del Estado español y del PSOE, han vendido la causa saharaui al mejor postor. Los que han pisoteado décadas de compromiso, derecho internacional y dignidad.
La traición no fue un desliz. Fue una decisión calculada, entregada en forma de carta servil al trono marroquí por Pedro Sánchez, sin pasar por el Congreso, sin consultar al pueblo, sin dignidad alguna. Con una firma clandestina, avaló la ocupación ilegal del Sáhara Occidental, aceptó la narrativa del ocupante y traicionó a un pueblo al que España abandonó ya una vez en 1975. Lo hizo sin pestañear, a cambio de promesas frágiles, chantajes migratorios y alguna sonrisa, acomoañada de un tal “pegasus” en Rabat.
Pero Sánchez no está solo. Lo acompaña una corte de cómplices, viejos y nuevos, que han puesto la alfombra roja al Majzén y le han entregado lo único que Marruecos no podía conquistar por la fuerza: la legitimidad internacional.
Ahí está José Luis Rodríguez Zapatero, ex presidente reciclado en vocero oficioso del régimen marroquí. Asiduo en foros financiados por Rabat, se esfuerza en blanquear al dictador y desacreditar la autodeterminación. Se pasea por platós y tribunas como si aún hablara en nombre del socialismo, mientras repite sin pudor la propaganda del ocupante.
Está también José Bono, que ha declarado sin rubor que “el Sáhara nunca fue español”, y que “no tenemos ninguna deuda con los saharauis”. Bono, viejo maestro del cinismo, se ha quitado la careta y habla como lo haría cualquier ministro del rey Mohamed VI.
Cristina Narbona, presidenta del PSOE, guarda silencio. No por prudencia, sino por cobardía. Una figura que antaño defendió principios ecologistas y sociales, hoy prefiere la obediencia a Sánchez antes que enfrentarse a una injusticia histórica.
Felipe González, el mismo que prometió estar “con el pueblo saharaui hasta la victoria final”, ha preferido callar. Su traición no es reciente: se gestó en los años 80 y hoy se consuma con su silencio cómplice. Un referente caído, arrastrado por la comodidad y la indiferencia. La lista de estos quintos columnistas es karga, se hizo larga por ka avidez dek tipico político/a desalmado/a.
Todos ellos forman parte de esta quinta columna. No combaten con armas, pero destruyen con decisiones. No disparan, pero legitiman con cada declaración, cada voto, cada gesto de sumisión. Se han convertido en los mejores aliados del régimen que reprime, tortura y roba el futuro del pueblo saharaui. Y lo hacen a cambio de contratos, favores diplomáticos, gas y chantajes disfrazados de estabilidad…y a saber que más.
No es solo una traición al Sáhara. Es una rendición del Estado español ante una monarquía corrupta y expansionista que pone en riesgo las propias fronteras de España, su soberanía energética, y su integridad democrática. Es una amenaza a largo plazo que será pagada por todos.
El tiempo pondrá nombres y apellidos a la vergüenza. Y la historia, si es justa, los recordará como lo que son: traidores a un pueblo y al principio mismo de la justicia.
B.Lehdad.